El color principal es el marrón cobrizo, una paleta que remite a la tierra, la resistencia y la densidad histórica del conflicto político. Este tono transmite firmeza y gravedad, y funciona como marco visual para un billete dedicado a la defensa de la unión centroamericana y a las tensiones que marcaron el siglo XIX regional.
El retrato de Francisco Morazán (1792–1842) ocupa la parte derecha, con un perfil de grabado decidido y enérgico. La composición lo presenta como estadista hondureño y referente del ideal unionista, subrayando su papel como figura de acción y liderazgo en el periodo más crítico de la Federación y sus disputas internas.
A la izquierda, sobre fondo claro, se incorpora una reproducción del Acta de Independencia de Centroamérica, que opera como fundamento documental y símbolo de legitimidad política. Este elemento ancla el billete en la idea de origen institucional y, al mismo tiempo, contrasta con la figura de Morazán: no basta con declarar la independencia; hay que sostenerla y organizarla en un orden común.
En el fondo del lado derecho se insinúa un mapa/silueta regional en capas, reforzando el concepto de territorio compartido y de proyecto integrador. La superposición del documento con el territorio y el retrato convierte el billete en una narrativa visual: independencia (texto), patria regional (mapa) y liderazgo (Morazán) como triada central.
El diseño se completa con recursos actuales de autenticidad y uso: serial, banda vertical de seguridad, marcas táctiles de accesibilidad, firma institucional y fecha de autorización (1 de octubre de 2025), manteniendo coherencia con el sistema gráfico de toda la serie.
En conjunto, este billete rinde homenaje a Morazán como símbolo del unionismo centroamericano y de la lucha por transformar la independencia en un proyecto regional efectivo, mostrando que la historia de la Federación no fue solo ideal, sino también conflicto, decisión y sacrificio político.